Carta a 2016

principito

Querido año viejo. Poco nos queda ya que pasar junto. Apenas dos días y perderás gran parte de tus horas para siempre en el limbo de esos recuerdos cada vez más difusos. Cada vez más borrosos.

No se perderán tanto los regalos que me has hecho, especialmente en materia de aprendizajes. Quizás dentro de algunos meses no recuerde si aquella anécdota tuvo lugar en 2016 o en 2015, probablemente tampoco me importe. Pero los grandes hallazgos sobre mi vida y mi persona ahí quedarán, sin importar la fecha en que se dieran. Eso siempre te lo agradeceré, pues has sido un año prolífero en lecciones que me han convertido en una persona, si no mejor, sí que más completa.

Gracias por demostrarme el  valor de mis amigos, por poner delante de mí muchos de tus días gente realmente valiosa, que ha aportado mucho en mí vida y que está muy dispuesta seguir haciéndolo. Gracias por esos compañeros de camino fieles que siempre han estado a mi lado y que este año me han demostrado tanto sobre la amistad con hechos y sin palabrerío. Gracias por las nuevas adquisiciones a mi lista de imprescindibles, por esas nuevas amistades que me han sacado sonrisas, retos, ilusiones compartidas.

Gracias por demostrarme que las oportunidades llegan, que el trabajo duro y los sacrificios tienen su recompensa, y que es bueno dejar de perder tiempo en buscar significados y señales para dedicar el cuerpo y el alma a generar esos significados y esas señales a partir de uno mismo. Gracias por convencerme –por fin- de que soy capaz de escribir mi propio destino persiguiendo mis sueños más viejos. Gracias por fuerza. Gracias por el ánimo. Gracias por la esperanza y sobretodo, por la paciencia.

Por qué no, gracias también por los malos momentos, por los sinsabores, por la incertidumbre, por las discusiones. Porque sin todo ello no habría aprendizaje alguno ni crecimiento. Gracias por permitirme asomarme a lo más bajo de mi ser de vez en cuando, para haber podido apreciar lo mejor de mí misma al levantar la vista, y valorarlo como se merece. Gracias por haberme recordado que debo perdonarme más y exigirme menos, que tengo que permitirme llorar o pegar un grito, dejarme consolar o a aceptar ayuda. Gracias especialmente por alejar de mí el miedo al fracaso, y bombardearme todos tus días con decenas de ideas y proyectos: los que avanzaron, lss que crecieron, los que se estancaron, los que olvidé, los que compartí,los que aplacé. Gracias por demostrarme que es bueno seguir a la intuición y el instinto. Gracias enormes por darme esa certeza que se ha convertido para mí en un mantra: perseguir los sueños merece siempre la pena.

Gracias –a ti también, como a muchos años anteriores- por mi familia, que deberá perdonarme una y mil veces lo recia que soy a veces, y que sé que siempre lo hará. Gracias por sus palabras de ánimo, por su apoyo, por las confidencias con mi madre, por los consejos de mi padre, por el amor de mi compañero. Por todos: los que están y los que llegan. Y por supuesto, gracias por mi preciosa hija. Por la magia que le da a mi vida todo lo que tiene que ver con ella. Por su salud de hierro y su alegría escandalosa solo puedo repetirte lo mismo: gracias. Por permitirme disfrutar de ella tan plena de vida y de energía. Por no haber puesto ni una sola piedra en su camino en todos tus días. Por habernos regalado momentos de aprendizaje tan únicos, inolvidables e irrepetibles como los que sólo una bebé es capaz de generar son su curiosidad, con su inocencia, con su alegría.

Por lo demás, no puedo quejarme de lo que ha sido de mí este año, más viendo como ha sido para otras personas en otras partes del mundo. Las luces y las sombras siempre acompañarán estos balances anuales tan típicos y tópicos pero al margen de ello, creo que el final del año debería acompañarse de una única reflexión: que dentro de unas pocas horas abriremos una nueva etapa que no es sino una oportunidad más para luchar por ser felices y por convertirnos en lo que queremos ser, que solo tenemos una vida y se nos ha regalado un año más y la mágica incertidumbre de un año nuevo: un lienzo en blanco, un libro por escribir.

Hasta pronto, 2016. No serás recordado para mí como un año más. Formarás una parte bella de la historia de mi familia. Serás el año en el que creció mi bebé, el año en que decidimos dar un paso más como familia, el año en el que arrancamos un atípico sueño de juventud que pronto verá la luz, el año en que llegaron las oportunidades, y el año en que toda nuestra gente más querida siguió a nuestro lado, demostrando que si son imprescindibles, es porque se lo merecen.

Por lo tanto, querido 2016, puedes irte a descansar y ponerte cómodo en ese limbo de los años jubilados, pero no te alejes mucho, pues te llamaré a menudo para que me saques una sonrisa.

Feliz 2017.

Alba

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