Entrevista con Alonso Barán. Reflexiones sobre la irracionalidad del oficio de escritor.

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Afirma tener cierto complejo de profesor de universidad, según sus propias palabras. Le gusta hablar, lo hace deprisa y cita constantemente autores variados. No cabe duda de que pasó por las aulas de filosofía y al parecer, Nietzche fue el responsable de ello. Alonso Barán es un escritor tenaz, osado, que no acepta un no por respuesta aunque ha recibido muchos hasta que, finalmente, también ha logrado sus merecidos “síes”. Disfruta de las entrevistas. No es un escritor indie al uso, pero desde luego es un escritor que se ha hecho a sí mismo, que ha trabajado cada peldaño que ha subido en su carrera literaria, y que no ha dudado en dejarlo -casi- todo por una pasión que califica como “irracional”.

Tuve la oportunidad de pasar un muy buen rato charlando con él, analizando los entresijos del oficio de escritor desde su experiencia, y he de decir que no solo aprendí mucho sino que también me eché unas buenas risas con este escritor que dice ser un loco y que sin duda es una persona incapaz de dejar indiferente.

¿Cuándo y cómo decidiste dedicarte a la escritura?

El momento exacto fue cuando, yo tenía una pequeña productora, estaba haciendo un presupuesto de un proyecto y pensaba “lo mío es escribir”. Ahí fue más o menos el momento de concepción. Luego es un proceso que no es romántico, un día tomas una decisión que implica unas pérdidas y tienes que ir deshaciéndote de cosas, de hábitos de vida y demás para poder dedicarte a ello, también hay mucha incomprensión, la gente piensa que te has vuelto majareta y tal. Yo pensé “esto no me hace feliz, aunque me facilita una forma de vida que ni siquiera me llena”. Y así fue. Y llevo dedicándome a la literatura desde 2008, desde que puse el contador a cero y dije “vamos a hacer las cosas bien, a recomenzar”.

¿Cuántos libros has escrito?

He escrito tres y publicado dos. También un guión de largometraje, aunque no lo cuento como libro empecé por ahí, puesto que tengo formación de guionista.

Has cultivado varios géneros, como novela con El Azar no se llora, o ensayo con tu último libro publicado Librepensamiento. Cómo no dejarte engañar. ¿En cuál te sientes más cómodo y por qué?

En el multigénero. Considero que un género solo ya no se lleva. En El Azar no se llora he mezclado novela negra, thriller, aventuras, romántica, novela psicológica… En el ensayo he utilizado psicología, antropología, psicología social, filosofía moral y al final tengo un compedio filosófico que mezcla materias y género. Pero que no es cosa mío sino que es propio del postmodernismo.

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¿Ficción o no ficción?

Prefiero la ficción. Aunque la no ficción es más dinámica de escribir. Son razonamientos y salen más naturales, solo tienes que estar pendiente de no parecer idiota, que es un acto de responsabilidad. En la ficción tienes que contar y estar pendiente de muchas otras cosas.

¿Cómo conseguiste editorial? ¿Has trabajado alguna vez de forma independiente?

Pues es una historia curiosa porque no me hacía caso absolutamente nadie. Vamos, es lógico. Llamas a una editorial para contar que tienes un libro escrito y no te ponen la alfombra roja, ni champán, ni nada de eso. Yo encontré hasta insultos en plan “mira, gilipollas, no vuelvas a llamar”. Entiendo que podrían estar enfadados por lo que fuera y no poder con un autor novel más. Reciben miles de manuscritos al año, unos mil o una cosa así, no tienen capacidad para leerlos todos. En fin, no me hacían ni puñetero caso y estaba muy devastado pensando que no iba a ningún lado. Fue la feria del libro y pensé “me da igual todo”, allí iba a haber editores y yo me fui a asaltar a los editores directamente. Así me pusieron cara, “¿tú no eras el que llamaba tanto por teléfono? Mira, lárgate”. Pero pasó que había uno con una escritora que estaba firmando, aparecieron unas amigas de la escritora y le dijo “me voy a comer”, entonces el editor se quedó sin plan para comer y yo le invité para poder contarle mi vida. Dijo que sí. Se comió una lubina. Le conté mi historia El Azar no se llora y fui viendo en sus ojos que le interesaba, al final me lo pidió por mail. Se lo leyó, le gustó y me dio bola. Conseguir editorial es conseguir que alguien se lea un texto y saber aguantar la incertidumbre y la negatividad muchas veces.

¿Nunca te planteaste desarrollar tu carrera o parte de tu carrera como independiente?

No, no, no. Yo directamente quería editoriales. Me parecía lo más sensato. Valoré que quería entrar en un mundo, el editorial, y estar fuera como un satélite… Ahora hay mucha moda de autopublicarse y yo creo que hay que aprender y saber como funciona todo esto y si vas a ponerte por libre hacerlo cuando ya tengas una experiencia, no hacerlo al revés. Porque como dijo Einstein “el autodidacta es alguien que tiene un ignorante por maestro”.

¿Crees que es posible ganarse la vida como escritor independiente?

Posible es porque hay gente que lo ha hecho y le va muy bien como independiente. Yo opté por el camino tradicional pero porque había que elegir uno. Siempre pongo como ejemplo a George Lucas -soy un friki de Star Wars- él se metió en la 20th Century Fox a hacer películas y cuando tuvo su gran película se hizo su propia corporación, pero sabía como funcionaba el sistema, eso te da amplitud de miras. Yo me dediqué al mundo de la televisión y por eso ahora conozco los entresijos de ese mundo, y ahora también los de la industria editorial. Todo eso te da una perspectiva que si luego quiero utilizarlo para la escritura indie, pues ya tengo unos conocimientos adquiridos, por otra parte a base de penurias, que es como aprendes. Marcel Proust decía que sus años de felicidad no le habían servido para nada y sus años de sufrimiento habían forjado su carácter.

¿Cómo valoras el papel de las nuevas tecnologías en el trabajo del escritor del siglo XXI?

Son muy, muy útiles. Puedes darte a conocer de una forma que antes no era posible. Un escritor antes dejaba el libro en la estantería de una librería y a ver qué pasa. Las redes sociales te permiten conectar con público, además tienes feed back, que es fantástico. A mí me encanta que los lectores se pongan en contacto conmigo. Eso ayuda mucho porque el trabajo del escritor es muy solitario, tener opiniones de gente que te lee te hace valorar mejor lo que haces. Es fantástico, ayuda muchísimo. Te permite acceder a público.

Ante tantas herramientas a veces te sientes abrumado ¿no? ¿Tú qué herramientas tecnológicas consideras imprescindible para un escritor?

Twitter me parece que es un ruido, hay tantas cosas que al final no prestas atención a nada. Lo veo más útil que para noticias que para promocionar un libro. Facebook está muy bien, lo de los grupos está muy bien para generar comunidades y entrar en contacto. El blog yo apenas lo uso pero se que hay mucha gente que consigue atraer la atención hacia las cosas que escribe por su blog. Yo estaba pensando volver al blog porque también te permite soltar cosas más breves y viene muy bien cuando escribes novela, que es un proceso muy largo.

En una de tus entrevistas haces una reflexión interesante: “¿Por qué alguien quiere hacerse escritor? Pasar horas solo en una habitación, sin ver a tus amigos, escribiendo algo durante mucho tiempo que a lo mejor nadie lee… Pues no pasa el tamiz de la razón. Hacerse escritor es algo irracional”. ¿Dónde está para ti la belleza de este oficio “irracional”?

A mí lo que más me gusta de escribir es tener ideas. Me hace sentir genial, me pone las pilas durante varios días, es una inyección de adrenalina. Luego, escribirlo es estar solo y garabatear. Pero cuando estás creando la novela y tienes las ideas, esa sensación es indescriptible, es energizante, eso es lo mejor, sin duda. El contacto con el público también me encanta. Me gusta saber de ellos, cómo son, qué cosas tienen en la cabeza y tal. Luego el proceso de escribir es cansadísimo, agotador. Yo después de cinco horas escribiendo acabo muy cansado, me tomo dos cervezas para ver un capítulo de alguna serie y ni siquiera lo acabo. Por eso digo que no pasa el tamiz de la razón.

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¿Crees que un escritor nace o se hace?

Las dos cosas. Yo con muy ocho años ya escribía obras de teatro, las representaba en el colegio y tal. La primera novela que escribí la empecé en 2010. No nací escritor. Desde el 86 que escribía las primeras cositas hasta que continué pasaron veintitantos años. Es cierto que tienes que tener cierta predisposición, que te guste contar historias, la literatura… Y luego te haces porque el resultado se ve a través de trabajo, es callo, es estudiar, es formarse. La formación es imprescindible. Por ejemplo, estudiar una carrera de humanidades te da mucha amplitud de miras para luego entender el mundo de una forma diferente. No solo está el hacer tramas. Todo eso es un proceso en el que se hace el escritor. Luego tienes que escribir, por supuesto, escribiendo se aprende. Como decía Sartre, “el talento de Marcel Proust son las obras de Marcel Proust”, O sea es el trabajo que ha estado haciendo, y eso se tiene que hacer. Se nace con una predisposición y se trabaja día a día.

¿Cuáles consideras que son las mejores cualidades en un escritor?

Personales: la tenacidad es imprescindibles porque si no no aguantas el proceso. El ser crítico y tener capacidad de aguantar las críticas y saber agradecer a quien te dice lo que está mal. Yo conozco gente que se ha llegado a enfadar conmigo por críticas, yo digo “si querías una crítica, bien, si quieres un aplauso le das el texto a tu abuela y ya está”. En lo profesional, es una buena cualidad saber ponerse en el lugar del lector, saber llevarle, darle emociones y tal, tenerle en consideración.

¿Y los peores defectos?

El peor defecto es la vagancia. Hasta que arrancas, hasta que te pones a escribir y enganchas el ritmo, que es algo muy absorbente y así puedes estar horas y horas escribiendo, está ahí la pereza, y hay que vencerla. Siempre te va a surgir algo que hacer más divertido, te apetecerá ir a tomar cañas con los amigos o irte a la discoteca a ligar, pero es que al final, eres una persona que se a a la discoteca a ligar, o eres un escritor. La vagancia es el primer defecto y luego, relacionado con la critica, está la arrogancia, creer que todo lo que escribes es maravilloso. Bueno, bueno. Maravilloso Dostoyevski que se inventó la novela psicológica o Camilo José Cela que tiene ciento cincuenta libros escritos. Esos son los que considero peores defentos: pereza y arrogancia.

Háblanos un poco de tus gustos literarios, ¿cuáles son esos libros que te han cambiado la vida?

Así habló Zaratustra. Yo por Nietzche estudié filosofía. También Kafka, toda su obra, El Proceso me fascinó. Camus también, La Caída. Crimen y Castigo me encantó. También Bukowski, La Senda del Perdedor es muy buena. De Louis Ferdinand Celine, El viaje al fin de la noche es fantástico.

¿Qué tipo de libros te gustan menos? Tus particulares ladrillos…

Yo le doy sesenta páginas a un libro, cinco o diez minutos. Si no me ha conseguido enganchar, fuera. Algunos me los he tenido que acabar por cuestiones metodológicas, es decir, tenía que acabar una carrera. De la carrera de filosofía hay muchos, filosofía de la ciencia sobretodo era algo que no me interesaba absolutamente nada. De literatura , en mi vida me he leído un libro que no me haya gustado, en cuanto no me gusta un libro lo dejo porque pienso que hay tanto bueno por leer, hay tanto escrito que para qué. Leer es para que me haga feliz, para que me haga sentir bien. Aunque miento, miento, hay un caso que sí me acabé que no me gustaba, uno de Dostoyevski, El idiota, que tenía unas trampas… Había un par de personajes que me encantaban. Diempre estaba diciendo “que le den por el culo al libro éste, se acabó”, pero entonces aparecía el General Ivolgin y seguía leyendo. Y al final me lo acabé. Encima era un personaje de reparto, solo aparecía de vez en cuando y le daba un poco de impulso al libro, ni siquiera era el protagonista. Ese si me lo acabé.

¿Qué le dirías a esas personas que están empezando a buscar su hueco en el mundo de la literatura? ¿Algún consejo?

Pues… Lo primero de todo, que no lo hagan (risas) Todavía estáis a tiempo. (más risas). Yo soy de los que piensa que las cosas o se hacen bien o no se hacen, y como normalmente es un camino tan penoso, dejas tantas cosas de tu vida por hacer… El mismo Borjes decía que se arrepentía de haber escrito tanto y vivido tan poco. El tema es que si lo vas a hacer, hazlo, ¿vale? Sé tenaz, sé trabajador, no te plantees el no por respuesta y dí “voy a morir siendo escritor y me da igual todo”. Eso es tenerlo claro. Pero, si no has empezado, hay que valorar ese proceso de vida que te queda por delante y si te merece la pena. Como entiendo la postura de la gente que quiere escribir, que cuando le dicen esto, porque a mí me lo dijeron, como se que este “no lo hagas” te entra por un oído y te sale por otro y piensas “sabes ¿qué? no me interesa nada lo que me estás contando, yo quiero ser escritor y me da igual lo que me digan. Sé lo que quiero”, pues cabe señalar que la perseverancia es fundamental. Además por una cuestión muy simple: en la vida en general no sabes lo que hay detrás de la esquina. Cuando todo parece que está mal, de repente surge una oportunidad, por ello lo que te da la perseverancia es la oportunidad de dar la vuelta a la esquina y encontrar por lo que estabas trabajando. Eso y no aceptar un no por respuesta. Te van a decir que no muchísimas veces pero al final solo te acordarás de las que te digan que sí.

Al final ha terminado bien el consejo…

En definitiva no es más que, si lo vas a hacer, hazlo bien.

¿Tú te arrepientes de haber cogido este camino?

La mayor parte del tiempo, sí. Pero porque es una constante lucha contra tí mismo. Tienes que estar constantemente automotivándote, aunque luego llegan las entrevistas, el contacto con el lector, y ahí disfruto y lo paso bien. Muchas veces me arrepiento de haberme metido a escritor y no haberme hecho maquinista de tren de mercancías. Entonces pienso “¿Por qué no lo dejas?” pues porque es algo irracional. Uno debe estar como una cabra y ha elegido esto. Pero todo el mundo se arrepiente de muchas cosas. Si no te arrepientes de las cosas que has hecho eres tendente a no mejorar y a repetir tus mismos errores. Yo pienso “¿Por qué he hecho esto?” Y la respuesta es: porque me hace ser yo, con ello todo tiene lógica, ayuda a que yo mismo sepa quien soy, cuando me dedico a esto, todo encaja. Si no me hubiese dedicado a esto y estuviera haciendo cosas como cuando trabajaba en televisión, no me sentiría “yo” y al final también me hubiera arrepentido de no haberme hecho escritor.

Con todo este aprendizaje nos quedamos, agradeciendo desde aquí a Alonso el haber regalado su tiempo a Escritura Indie, por donde esperamos volver a saber de él pronto a propósito de sus éxitos y nuevos trabajos literarios.

No dejes de leer la novela El Azar no se Llora, y el ensayo Librepensamiento. Cómo no dejarte engañar. Los dos títulos publicados de Alonso Barán.

Alba Sánchez-Serradilla

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